HERNÁN CORTÉS – CARTAS DE RELACIÓN

HERNÁN CORTÉS

 

CARTAS DE RELACIÓN

 

Edición de Ángel Delgado Gómez

 

Madrid 1993

 

 

SEGUNDA RELACIÓN

[fragmentos]

 

C a r t a de relación enviada a Su Sacra Majestad del Empera­dor Nuestro Señor por el Capitán General de la Nueva España llamado Femando Cortés, en la cual hace relación de las tierras y provincias sin cuento que ha descubierto nuevamente en el Yucatán desde el año de quinientos y diez y nueve a esta parte y ha sometido a la corona real de Su Sacra Majestad. En espe­cial hace relación de una grandísima provincia muy rica llama­da Culúa[1] en la cual hay muy grandes ciudades y de maravillo­sos edificios y de grandes tratos y riquezas entre las cuales hay una más maravillosa y rica que todas llamada Temustitán que está por maravillosa arte edificada sobre una grande lagu­na, de la cual ciudad y provincia es rey un grandísimo señor llamado Muteeçuma,[2] donde le acaescieron al capitán y a los españoles espantosas cosas de oir. Cuenta largamente el gran­dísimo señorío del dicho Muteeçuma y de sus ritos y cerimonias y de cómo se sirve.

Muy Alto y Poderoso y Muy Católico Príncipe, Invitísimo Emperador y Señor Nuestro:

En una nao que desta Nueva España de Vuestra Sacra Majestad despaché a diez y seis días de julio del año de qui­nientos y diez y nueve envié a Vuestra Alteza muy larga y par­ticular relación de las cosas hasta aquella sazón, después que yo a ella vine, en ellas suscedidas, la cual relación llevaron Alonso Hernández Puerto Carrero y Francisco de Montejo, procuradores de la Rica Villa de la Vera Cruz que yo en nom­bre de Vuestra Alteza fundé. Y después acá[3] por no haber oportunidad, así por falta de navios y estar yo ocupado en la conquista y pacificación desta tierra como por no haber sabido de la dicha nao y procuradores, no he tomado a relatar a Vuestra Majestad lo que después se ha hecho, de que después Dios sabe la pena que he tenido, porque he deseado que Vuestra Alteza supiese las cosas desta tierra, que son tantas y tales que, como ya en la otra relación escribí, se puede intitular de nuevo Emperador della y con título y no menos mérito que el de Alemana que por la gracia de Dios Vuestra Sacra Majestad posee. Y porque querer de todas las cosas destas par­tes y nuevos reinos de Vuestra Alteza decir todas las particula­ridades y cosas que en ellas hay y decirse debían seria casi pro­ceder a infinito, si de todo a Vuestra Alteza no diere tan larga cuenta como debo a Vuestra Sacra Majestad suplico que me mande perdonar, porque ni mi habilidad ni la oportunidad del tiempo en que a la sazón me hallo para ello me ayudan, mas con todo, me esforzaré a decir a Vuestra Alteza lo menos mal que yo pudiere la verdad y lo que al presente es necesario que Vuestra Majestad sepa.[4] Y asimismo suplico a Vuestra Alteza me mande perdonar si [de] todo lo acaecido no contare el cómo ni el cuándo muy cierto y si no acertare algunos nombres así de cibdades y villas como de señoríos dellas que a Vuestra Majestad han ofrescido su servicio y dádose por sus subditos y vasallos, porque en cierto infortunio agora nuevamente[5] acaescido, de que adelante en el proceso a Vuestra Alteza daré ente­ra cuenta, se me perdieron todas las escrituras y abtos[6] que con los naturales destas tierras yo he hecho y otras cosas mu­chas.[7]

En la otra relación. Muy Excellentísimo Príncipe, dije a Vuestra Majestad las cibdades y villas que hasta entonces a su real servicio se habían ofrecido y yo a él tenía subjetas y con­quistadas. Y dije ansimismo que tenia noticia de un gran señor que se llamaba Muteeçuma que los naturales desta tierra me habian dicho que en ella había que estaba, segúnd ellos señala­ban las jomadas, hasta noventa o cient leguas de la costa y puerto donde yo desembarqué; y que confiando en la grandeza de Dios y con esfuerzo del real nombre de Vuestra Alteza, pen­saba irle a ver a doquiera que estuviese. Y aún me acuerdo que me ofrecí en cuanto a la demanda deste señor a mucho más de lo a mí posible, porque certifiqué a Vuestra Alteza que lo ha­bría preso o muerto o subdito[8] a la corona real de Vuestra Majestad.

Y con este propósito y demanda me partí de la cibdad de Cempoal,[9] que yo intitulé Sevilla, a diez y seis de agosto, con quince de caballo y trecientos peones lo mejor adreszados de guerra que yo pude y el tiempo dio a ello lugar. Y dejé en la villa de la Vera Cruz ciento y cincuenta hombres con dos de caballo haciendo una fortaleza que ya tengo casi acabada. Y dejé toda aquella provincia de Cempoal y toda la sierra comar­cana a la dicha villa, que serán hasta cincuenta mili hombres de guerra y cincuenta villas y fortalezas, muy seguros y pacíficos y por ciertos y leales vasallos de Vuestra Majestad, como hasta agora lo han estado y están. Porque ellos eran subditos de aquel señor Muteeçuma y, segúnd fui informado, lo eran por fuerza y de poco tiempo acá. Y como por mí tuvieron noticia de Vuestra Alteza y de su muy grand y real poder, dijeron que querían ser vasallos de Vuestra Majestad y mis amigos, y que me rogaban que los defendiese de aquel grand señor que los tenía por fuer­za y tiranía y que les tomaba sus fijos para los matar y sacrifi­car a sus ídolos, y me dijeron otras muchas quejas del. Y con esto han estado y están muy ciertos y leales en el servicio de Vuestra Alteza, y creo lo estarán siempre por ser libres de la ti­ranía de aquél. Y porque de mí han sido siempre bien tratados y favorescidos y para más seguridad de los que en la villa queda­ban, traje conmigo algunas personas prencipales dellos con al­guna gente que no poco provechosos me fueron en mi camino.[10]

Y porque como ya creo, en la primera relación escribí a Vuestra Majestad que algunos de los que en mi compañía pasa­ron, que eran criados y amigos de Diego Velázquez, les había pesado de lo que yo en servicio de Vuestra Alteza hacía. Y aun algunos dellos se me quisieron alzar e írseme de la tierra, en especial cuatro españoles que se decían Juan Escudero y Diego Cermeño, piloto, y Gonzalo de Ungría, ansimismo piloto, y Alonso Péñate, los cuales, segúnd lo que confesaron espontá­neamente, tenían determinado de tomar un bergantín que esta­ba en el puerto con cierto pan y tocinos y matar al maestre del e irse a la isla Femandina a hacer saber a Diego Velázquez cómo yo inviaba la nao que a Vuestra Alteza invié y lo que en ella iba y el camino que la dicha nao había de llevar para que el dicho Diego Velázquez pusiese navios en guarda para que la to­masen. Como después que lo supo lo puso por obra, que, se­gúnd he sido informado, invió tras la dicha nao una carabela y si no fuera pasada, la tomara.[11] Y ansimesmo confesaron que otras personas tenían la misma voluntad de avisar al dicho Diego Velázquez, y vistas las confesiones destos delincuentes, los castigué conforme a justicia y a lo que segúnd el tiempo me paresció que había nescesidad y al servicio de Vuestra Alteza cumplía. Y porque demás de los que por ser criados y amigos de Diego Velázquez tenían voluntad de se salir de la tierra había otros que por verla tan grande y de tanta gente y tal[12] y ver los pocos españoles que éramos estaban del mismo propó­sito, creyendo que si allí los navios dejase se me alzarían con ellos y yéndose todos los que desta voluntad estaban yo queda­ría casi sólo, por donde se estorbara[13] el gran servicio que a Dios y a Vuestra Alteza en esta tierra se ha hecho, tuve manera cómo so color que los dichos navios no estaban para navegar los eché a la costa, por donde todos perdieron la esperanza de salir de la tierra y yo hice mi camino más seguro y sin sospe­cha que, vueltas las espaldas, no había de faltarme la gente que yo en la villa habia de dejar.[14]

 

[…]

 

Otro día, en amanesciendo, dan sobre nuestro real más de ciento y cuarenta y nueve mill hombres que cubrían toda la tierra, tan determinadamente que algunos dellos entraron den­tro en él y anduvieron a cuchilladas con los españoles. Y sali­mos a ellos y quiso Nuestro Señor en tal manera ayudamos que en obra de[15] cuatro horas habíamos fecho lugar para que en nuestro real no nos ofendiesen, puesto que[16] todavía facían al­gunas arremetidas. Y ansí estuvimos peleando hasta que fue tarde, que se retrajeron.

Otro día tomé a salir por otra parte antes que fuese de día sin ser sentido dellos con los de caballo y cient peones y los in­dios mis amigos y les quemé más de diez pueblos, en que hobo pueblo dellos de más de tres mili casas. Y allí pelearon conmi­go los del pueblo, que otra gente no debía de estar allí. Y como traíamos la bandera de la cruz y puñábamos[17] por nuestra fe y por servicio de Vuestra Sacra Majestad en su muy real ventura, nos dio Dios tanta Vitoria que les matamos mucha gente sin que los nuestros rescibiesen daño. Y poco más de mediodía, ya que la fuerza de la gente se juntaba de todas partes, estábamos en nuestro real con la vitoria habida.

Otro día siguiente vinieron mensajeros de los señores di­ciendo que ellos querían ser vasallos de Vuestra Alteza y mis amigos, y que me rogaban les perdonase el yerro pasado. Y trajéronme de comer y ciertas cosas de plumajes que ellos usan y tienen en estima. Yo les respondí que ellos lo habían hecho mal, pero que yo era contento de ser su amigo y perdonarles lo que habían hecho. Otro día siguiente vinieron fasta cincuenta indios que, según paresció, eran hombres de quien se hacía caso entre ellos, diciendo que nos venían a traer de comer, y comienzan a mirar las entradas y salidas del real y algunas chozuelas donde estábamos aposentados. Y los de Cempoal vinie­ron a mi y dijéronme que mirase que aquéllos eran malos y que venían a espiar y mirar cómo nos podrían dañar, y que tuviese por cierto que no venían a otra cosa. Yo hice tomar uno dellos desimuladamente, que los otros no lo vieron, y apárteme con él y con las lenguas y amedréntele para que me dijese la verdad. El cual confesó que Sintengal,[18] que es el capitán general desta provincia, estaba detrás de unos cerros que estaban frontero del real con mucha cantidad de gente para dar aquella noche sobre nosotros, porque decían que ya se habían probado de día con nosotros [y] que no les aprovechaba nada, y que querían probar de noche porque los suyos no temiesen los caballos ni los tiros ni las espadas; y que los habían inviado a ellos para que viesen nuestro real y las partes por donde nos podían entrar y cómo nos podrían quemar aquellas chozas de paja. Y luego fice tomar otro de los dichos indios y le pregunté ansimesmo y con­fesó lo que el otro por las mismas palabras. Y déstos tomé cinco o seis que todos conformaron en sus dichos. Y visto, los mandé tomar a todos cincuenta y cortarles las manos, y los invié que dijesen a su señor que de noche y de día y cada y cuando él viniese verían quién éramos. Y yo fice fortalecer mi real a lo mejor que pude y poner la gente en las estancias que me paresció que convenían, y así estuve sobre aviso hasta que se puso el sol. Y ya que anochecía comenzó a abajar la gente de los contrarios por dos valles, y ellos pensaban que ve­nían secretos para nos cercar y se poner más cerca de nosotros para ejecutar su propósito. Y como yo estaba tan avisado vílos, y parescióme que dejarlos llegar al real que sería mucho daño porque de noche como no viesen lo que de mi parte se les hi­ciese llegarían más sin temor, y también porque los españoles no los viendo,[19] algunos temían alguna flaqueza en el pelear. Y temí que me pusieran fuego, lo cual si acaesciera fuera tanto daño que ninguno de nosotros escapara, y determiné de salirles al encuentro con toda la gente de caballo para los espantar o desbaratar en manera que ellos no llegasen. Y asi fue, que como nos sintieron que íbamos con los caballos a dar sobre ellos, sin ningúnd detener ni grita se metieron por los maizales de que toda la tierra estaba casi llena y aliviaron algunos de los mantenimientos que traían para estar sobre nosotros si de aque­lla vez del todo nos pudiesen arrancar. Y así se fueron por aquella noche y quedamos seguros.

Después de pasado esto estuve ciertos días que no salí de nuestro real más del redor para defender el entrada de algunos indios que nos venian a gritar y hacer algunas escaramuzas. Y después de estar algo descansado salí una noche, después de rondada la guarda de la prima, con cient peones y con los in­dios nuestros amigos y con los de caballo, y a una legua del real se me cayeron cinco de los caballos y yeguas que llevaba que en ninguna manera los pude pasar adelante, e hicelos vol­ver. Y aunque todos los de mi compañía decían que me tomase porque era mala señal todavía seguí mi camino, considerando que Dios es sobre natura. Y antes que amanesciese di sobre dos pueblos en que maté mucha gente, y no quise quemar las casas por no ser sentido con los fuegos de las otras poblaciones que estaban muy juntas. Y ya que amanescía di en otro pueblo tan grande que se ha hallado en él por visitación[20] que yo hice hacer más de veinte mili casas, y como los tomé de sobresalto salían desarmados y las mujeres y niños desnudos por las ca­lles. Y comencé a hacerles algúnd daño, y viendo que no tenían resistencia venieron a mí ciertos prencipales del dicho pueblo a rogarme que no les hiciese más mal porque ellos querían ser vasallos de Vuestra Alteza y mis amigos, y que bien vían que ellos tenían la culpa en no me haber querido creer, pero que de ahí en [a]delante yo vería cómo ellos harían lo que yo en nom­bre de Vuestra Majestad les mandase y que serían muy verda­deros vasallos suyos. Y luego vinieron conmigo más de cuatro mil dellos de paz y me sacaron fuera a una fuente muy bien de comer, y ansí los dejé pacíficos y volví a nuestro real, donde hallé la gente que en él había dejado farto atemorizada, creyen­do que se me hobiera ofrecido algúnd peligro por lo que la noche antes habían visto en volver los caballos y yeguas. Y después de sabida la Vitoria que Dios nos había querido dar y cómo dejaba aquellos pueblos de paz hobieron mucho placer, porque certifico a Vuestra Majestad que no había tal de noso­tros que no tuviese mucho temor por nos ver tan dentro en la tierra y entre tanta y tal gente y tan sin esperanza de socorro de ninguna parte, de tal manera que ya a mis oídos oía decir por los corrillos y casi público que había sido Pedro Carbonero[21] que los había metido donde nunca podrían salir. Y aun más, oí decir en una choza de ciertos compañeros estando donde ellos no me vían que si yo era loco y me metía donde nunca podría salir que no lo fuesen ellos sino que se volviesen a la mar; y que si yo quisiese volver con ellos, bien; y si no, que me deja­sen. Y muchas veces fui desto por muchas veces requerido, y yo los animaba diciéndoles que mirasen que eran vasallos de Vuestra Alteza y que jamás en los españoles en ninguna parte hobo falta, y que estábamos en dispusición de ganar para Vuestra Majestad los mayores reinos y señoríos que había en el mundo y que demás de facer lo que a cristianos éramos obliga­dos en puñar contra los enemigos de nuestra fee, y por ello en el otro mundo ganábamos la gloria y en éste consiguíamos el mayor prez y honra que hasta nuestros tiempos ninguna gene­ración ganó; y que mirasen que teníamos a Dios de nuestra parte y que a él ninguna cosa es imposible, y que lo viesen por las Vitorias que habíamos habido, donde tanta gente de los ene­migos eran muertos y de los nuestros ningunos. Y les dije otras cosas que me paresció decirles desta calidad, que con ellas y con el real favor de Vuestra Alteza cobraron mucho ánimo y los atraje a mi propósito y a facer lo que yo deseaba, que era dar fin a mi demanda[22] comenzada.

Otro día siguiente a hora de las diez vino a mí Sicutengal, el capitán general desta provincia, con hasta cincuenta personas prencipales della. Y me rogó de su parte y de la de Magiscacin,[23] que es la más prencipal persona de toda la provin­cia y de otros muchos señores della, que yo los quisiese admitir al real servicio de Vuestra Alteza y a mi amistad y les perdona­se los yerros pasados porque ellos no nos conoscían ni sabían quién éramos; y que ya habían probado todas sus fuerzas ansí de dia como de noche para se escusar de ser súpditos ni subjetos a nadie, porque en ningund tiempo esta provincia lo había sido ni tenían ni habían tenido cierto señor, antes habían vevido esentos y por sí[24] de inmemorial tiempo acá; y que siempre se habían defendido contra el gran poder de Muteeçuma y de su padre y abuelos que toda la tierra tenían sojuzgada y a ellos jamás habían podido traer a subjeción, teniéndolos como los te­nían cercados por todas partes sin tener lugar para por ninguna de su tierra poder salir; y que no comían sal porque no la había en su tierra ni se la dejaban salir a comprar a otras partes, ni vestían ropas de algodón porque en su tierra por la frialdad no se criaba, y otras muchas cosas de que carescian por estar así encerrados, y que todo lo sufrían y habían por bueno por ser esentos y no subjetos a nadie; y que conmigo que quisieran hacer lo mismo y que para ello, como ya decían, habían proba­do sus fuerzas, y que vían claro que ni ellas ni las mañas que habían podido tener les aprovechaban, que querían antes ser vasallos de Vuestra Alteza que no morir y ser destruidas sus casas y mujeres y fijos. Yo les satisfice diciendo que conosciesen cómo ellos tenían la culpa del daño que habían rescebido, y que yo me venía a su tierra creyendo que me venía a tierra de mis amigos porque los de Cempoal así me lo habían certificado que lo eran y querían ser; y que yo les habían inviado mis men­sajeros delante para les hacer saber cómo venía y la voluntad que de su amistad traia, y que sin me responder, veniendo yo seguro, me habían salido a saltear en el camino y me habían muerto dos caballos y herido otros, y demás desto después de haber peleado conmigo me inviaron sus mensajeros diciendo que aquello que se había hecho había sido sin su licencia y consentimiento, y que ciertas comunidades se habían movido a ello sin les dar parte, pero que ellos se lo habían reprehendido, y que querían mi amistad; y yo creyendo ser ansí, les había dicho que me placía y me vernía otro día seguramente en sus casas como en casas de amigos, y que ansimesmo me habían salido al camino y peleado conmigo todo el día hasta que la noche sobrevino, no obstante que por mi habían sido requeri­dos con la paz. Y trojeles a la memoria todo lo demás que con­tra mí habían fecho y otras muchas cosas que por no dar a Vuestra Alteza importunidad dejo. Finalmente que ellos queda­ron y se ofrecieron por subditos y vasallos de Vuestra Majestad y para su real servicio y ofrecieron sus personas y haciendas, y ansí lo hicieron y han hecho fasta hoy y creo lo harán para siempre, por lo que adelante Vuestra Majestad verá.

Y ansí estuve sin salir de aquel aposento y real que allí tenía seis o siete días porque no me osaba fiar dellos, puesto que me rogaban que me viniese a una cibdad grande que tenían donde todos los señores desta provincia residían y residen, hasta tanto que todos los señores me vinieron a rogar que me fuese a la cibdad porque allí sería mejor rescebido y proveído de las cosas nescesarias que no en el campo y porque ellos tenían ver­güenza en que yo estuviese tan mal aposentado, pues me tenían por su amigo y ellos y yo éramos vasallos de Vuestra Alteza. Y por su ruego me vine a la cibdad que está seis leguas del apo­sento y real que yo tenía, la cual cibdad es tan grande y de tanta admiración que aunque mucho de lo que della podría decir deje, lo poco que diré creo que es casi increíble, porque es muy mayor que Granada y muy más fuerte y de tan buenos edeficios y de muy mucha más gente que Granada tenía al tiempo que se ganó y muy mejor abastecida de las cosas de la tierra, que es de pan[25] y de aves y caza y pescado de ríos y de otras legumbres y cosas que ellos comen muy buenas.[26] Hay en esta cibdad un mercado en que cotidianamente todos los días hay en él de treinta mili ánimas arriba vendiendo y com­prando, sin otros muchos mercadillos que hay por la cibdad en partes. En este mercado hay todas cuantas cosas ansí de mante­nimiento como de vestido y calzado que ellos tratan y puede haber. Hay joyerías de oro y plata y piedras y de otras joyas de plumajes, tan bien concertado como puede ser en todas las plazas y mercados del mundo. Hay mucha loza de muchas ma­neras y muy buena y tal como la mejor de España. Venden mucha leña y carbón y yerbas de comer y medecinales. Hay casas donde lavan las cabezas como barberos y las rapan. Hay baños. Finalmente, que entre ellos hay toda la manera de buena orden y policía, y es gente de toda razón y concierto, y tal que lo mejor de África no se le iguala.[27]

Es esta provincia de muchos valles llanos y hermosos, y todos labrados y sembrados sin haber en ella cosa vacua. Tiene en torno la provincia noventa leguas y más. La orden que hasta agora se ha alcanzado que la gente della tiene en gobernarse es casi como las señorías de Venecia y Genova o Pisa, porque no hay señor general de todos. Hay muchos señores y todos resi­den en esta cibdad, y los pueblos de la tierra son labradores y son vasallos destos señores y cada uno tiene su tierra por si. Tienen unos más que otros. Y para sus guerras que han de or­denar júntanse todos y todos juntos las ordenan y conciertan. Créese que deben de tener alguna manera de justicia para casti­gar los malos, porque uno de los naturales desta provincia hurtó cierto oro a un español y yo lo dije a aquel Magiscacin, que es el mayor señor de todos, e ficieron su pesquisa y siguié­ronlo fasta una cibdad que está cerca de allí que se dice Churultecal[28] y de allí lo trajeron preso y me lo entregaron con el oro y me dijeron que yo lo hiciese castigar. Yo les agradescí la deligencia que en ello pusieron y les dije que pues estaba en su tierra, que ellos le castigasen como lo acostumbraban, y que yo no me quería entremeter en castigar a los suyos estando en su tierra, de lo cual me dieron gracias. Y lo tomaron, y con pre­gón público que magnifestaba su delito le hicieron llevar por aquel grand mercado y allí le pusieron al pie de uno como tea­tro que est[á] en medio del dicho mercado. Y encima del teatro subió el pregonero y en altas voces tomó a decir el delito de aquél, y viéndolo todos, le dieron con unas porras en la cabeza hasta que lo mataron. Y muchos otros habemos visto en prisio­nes que dicen que los tienen por furtos y cosas que han hecho. Hay en esta provincia, por visitación que yo en ella mandé hacer, ciento y cincuenta mil vecinos con[29] otra provincia pequeña que está junto con ésta que se dice Guasyncango[30] que viven a la manera déstos sin señor natural, los cuales no menos están por vasallos de Vuestra Alteza que estos tascalte[c]as.

Estando, Muy Católico Señor, en aquel real que tenía en el campo cuando en la guerra desta provincia estaba, vinieron a mí seis señores muy prencipales vasallos de Muteeçuma con fasta ducientos hombres para su servicio. Y me dijeron que ve­nían de parte del dicho Muteeçuma a me decir cómo él quería ser vasallo de Vuestra Alteza y mi amigo, y que viese yo qué era lo que quería que él diese por Vuestra Alteza en cada un año de tributo así de oro como de plata y piedras y esclavos y ropa de algodón y otras cosas de las que él tenía, y que todo lo daría con tanto que yo no fuese a su tierra, y que lo hacía por­que era muy estéril y falta de todos mantenimientos, y que le pesaría de que yo padesciese nescesidad y los que conmigo ve­nían. Y con ellos me invió fasta mili pesos de oro y otras tantas piezas de ropa de algodón de la que ellos visten. Y estuvieron conmigo en mucha parte de la guerra hasta en fin della, que vieron bien lo que los españoles podían y las paces que con los desta provincia se hicieron y el ofrecimiento que al servicio de Vuestra Sacra Majestad los señores y toda la tierra ficieron, de que, segúnd páreselo y ellos mostraban, no hobieron mucho placer, porque trabajaron por muchas vías y formas de me re­volver con ellos[31] diciendo que no era cierto lo que me decían ni verdadera la amistad que afirmaban, y que lo hacían por me asegurar para hacer a su salvo alguna traición. Los de esta pro­vincia, por consiguiente, me decían y avisaban muchas veces que no me fiase de aquellos vasallos de Muteeçuma porque eran traidores y sus cosas siempre las hacían a traición y con mañas y con éstas habían sojuzgado toda la tierra, y que me avisaban dello como verdaderos amigos y como personas que los conoscían de mucho tiempo acá. Vista la discordia y desconformidad de los unos y de los otros, no hobe poco placer, porque me paresció hacer mucho a mi propósito y que podría tener manera de más aína sojuzgarlos y que se dijese aquel comúnt decir de „de monte…”, etc.[32] y aún acordéme de una abtoridad evangélica que dice: „Omne regnum in se ipsum divissum desolavitur”.[33] Y con los unos y con los otros maneaba,[34] y a cada uno en secreto le agradescía el aviso que me daba y le daba crédito de más amistad que al otro.

[…]

Y desque ya vido que mi determinada voluntad era de verle a él y a su tierra, me invió a decir que fuese en hora buena, que él me esperaría en aquella gran cibdad donde estaba. E invióme mu­chos de los suyos para que fuesen conmigo porque ya entraba por su tierra, los cuales me querían encaminar por cierto cami­no donde ellos debían de tener algúnd concierto para nos ofender,[35] según después paresció, porque lo vieron muchos espa­ñoles que yo inviaba después por la tierra. Y había en aquel ca­mino tantas puentes y pasos malos que yendo por él muy a su salvo pudieran ejecutar su propósito. Mas como Dios haya teni­do siempre cuidado de encaminar las reales cosas de Vuestra Sacra Majestad desde su niñez y como yo y los de mi compa­ñía íbamos en su real servicio, nos mostró otro camino aunque algo agro no tan peligroso como aquél por donde nos quería llevar, y fue de esta manera:

Que a ocho leguas desta cibdad de Churultecal están dos sie­rras muy altas y muy maravillosas, porque en fin de agosto tie­nen tanta nieve que otra cosa de lo alto dellas sino la nieve se paresce.[36] Y de la una que es la más alta sale muchas veces así de dia como de noche tan grande bulto de humo como una grand casa, y sube encima de la sierra hasta las nubes tan dere­cho como una vira, que, segúnd paresce, es tanta la fuerza con que sale que aunque arriba en la sierra anda siempre muy recio viento no lo puede torcer. Y porque yo siempre he desea­do de todas las cosas desta tierra poder hacer a Vuestra Alteza muy particular relación quise desta que me paresció algo mara­villosa saber el secreto, e invié diez de mis compañeros tales cuales para semejante negocio eran nescesarios y con algunos naturales de la tierra que los guiasen, y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra y saber el secreto de aquel humo de dónde y cómo salía. Los cuales fueron y trabajaron lo que fue posible para la subir y jamás pudieron, a causa de la mucha nieve que en la sierra hay y de muchos torbelinos que de la ceniza que de allí sale andan por la sierra y también por­que no pudieron sufrir la grand frialdad que arriba hacia. Pero llegaron muy cerca de lo alto, y tanto que estando arriba co­menzó a salir aquel humo, y dicen que salía con tanto ímpitu y roido que páresela que toda la sierra se caia abajo, y ansí se bajaron y trujeron nucha nieve y carámbalos para que los viésemos, porque nos parescía cosa muy nueva en estas partes a causa de estar en parte tan cálida, segúnd hasta agora ha sido opinión de los pilotos, especialmente que dicen que esta tierra está en veinte grados que es en el paralelo de la isla Española, donde continuamente hace muy grand calor. Y yendo a ver esta sierra toparon un camino y preguntaron a los naturales de la tierra que iban con ellos que para do iba, y dijeron que a Culúa, y que aquél era buen camino y que el otro por donde nos querían llevar los de Culúa no era bueno. Y los españoles fueron por él hasta encumbrar las sierras por medio de las cua­les entre la una y la otra va el camino, y descubrieron los llanos de Culúa y la grand cibdad de Temixtitán y las lagunas que hay en la dicha provincia, de que adelante haré relación a Vuestra Alteza. Y vinieron muy alegres por haber descubierto tan buen camino, y Dios sabe cuanto holgué yo dello.

 

[…]

 

 

Otro día después que a esta cibdad llegué me partí, y a media legua andada entré por una calzada que va por medio desta laguna dos leguas fasta llegar a la grand cibdad de Temextitán184 que está fundada en medio de la dicha laguna, la cual calzada es tan ancha como dos lanzas y muy bien obrada, que pueden ir por toda ella ocho de caballo a la par. Y en estas dos leguas de la una parte y de la otra de la dicha calzada están tres cibdades; y la una dellas, que se dice Mesicalçingo,[37]  está fundada la mayor parte della dentro de la dicha laguna, y las otras dos, que se llaman la una Niçiaca y la otra Huchilohuchico, están en la costa della y muchas casas dellas den­tro en el agua. La primera cibdad destas tema hasta tres mili vecinos y la segunda más de seis mili y la tercera otros cuatro o cinco mili vecinos, y en todas muy buenos edificios de casas y torres, en especial las casas de los señores y personas prencipales y las de sus mezquitas y oratorios donde ellos tienen sus ídolos. En estas cibdades hay mucho trato de sal que facen del agua de la dicha laguna y de la superfic[i]e que está en la tierra que baña la laguna, la cual cuecen en cierta manera y hacen panes de la dicha sal que venden para los naturales y para fuera de la comarca. Y así seguí la dicha calzada, y a media legua antes de llegar al cuerpo de la cibdad de Temextitán, a la entra­da de otra calzada que viene a dar de la tierra firme a esta otra, está un muy fuerte baluarte con dos torres cercado de muro de dos estados con su petril almenado por toda la cerca que toma con ambas calzadas. Y no tiene más de dos puertas, una por donde entran y otra por donde salen. Aquí me salieron a ver y hablar hasta mili hombres prencipales cibdadanos de la dicha cibdad, todos vestidos de una manera y hábito y, segúnd su cos­tumbre, bien rico. Y llegados a me fablar, cada uno por sí facía en llegando a mí una cerimonia que entre ellos se usa mucho, que ponía cada uno la mano en tierra y la besaba, y asi estuve esperando casi una hora fasta que cada uno ficiese su cerimo­nia. Y ya junto a la cibdad está una puente de madera de diez pasos de anchura y por allí está abierta la calzada porque tenga lugar el agua de entrar y salir, porque crece y mengua y tam­bién por fortaleza de la cibdad, porque quitan y ponen unas vigas muy luengas y anchas de que la dicha puente está hecha todas las veces que quieren. Y déstas hay muchas por toda la ciudad, como adelante en la relación que de las cosas della faré Vuestra Alteza verá.

Pasada esta puente, nos salió a rescebir aquel señor Muteeçuma con fasta ducientos señores, todos descalzos y ves­tidos de otra librea[38] o manera de ropa ansimismo bien rica a su uso y más que la de los otros. Y venían en dos procesiones muy arrimados a las paredes de la calle, que es muy ancha y muy fermosa y derecha, que de un cabo se paresce el otro[39] y tiene dos tercios de legua y de la una parte y de la otra muy buenas y grandes casas ansí de aposentamientos como de mez­quitas. Y el dicho Muteeçuma venía por medio de la calle con dos señores, el uno a la mano derecha y el otro a la izquierda, de los cuales el uno era aquel señor grande que dije que me había salido a fablar en las andas y el otro era su hermano del dicho Muteeçuma, señor de aquella cibdad de Yztapalapa de donde yo aquel día había partido, todos tres vestidos de una manera, expceto [que] el Muteeçuma iba calzado y los otros dos señores descalzos. Cada uno le llevaba de su brazo. Y como nos juntamos yo me apeé y le fui a abrazar solo, y aque­llos dos señores que con él iban me detuvieron con las manos para que no le tocase. Y ellos y él fícieron ansimismo cerimonia de besar la tierra, y hecha, mandó a aquel su hermano que venía con él que se quedase conmigo y me llevase por el brazo, y él con el otro se iba adelante de mi poquito tercho.[40] Y des­pués de me haber él fablado, vinieron ansimismo a me fablar todos los otros señores que iban en las dos procesiones en orden uno en pos de otro, y luego se tomaban a su procesión. Y al tiempo que yo llegué a hablar al dicho Muteeçuma quitéme un collar que llevaba de margaritas y diamantes de vidrio y se lo eché al cuello. Y después de haber andado la calle adelan­te, vino un servidor suyo con dos collares de camarones en­vueltos en un paño que eran hechos de huesos de caracoles colorados[41] que ellos tienen en mucho. Y de cada collar colgaban ocho camarones de oro de mucha perfición tan largos casi como un jeme,[42] y como se los trujeron se volvió a mi y me los echó al cuello. Y tomó a seguir por la calle en la forma ya dicha fasta llegar a una muy grande y muy hermosa casa que él tenía para nos aposentar bien adreszada, y allí me tomó por la mano y me llevó a una grand sala que estaba frontero del patio por do entramos y allí me fizo sentar en un estrado muy rico que para él lo tenía mandado hacer. Y me dijo que le esperase allí y él se fue. Y dende a poco rato, ya que toda la gente de mi compañía estaba aposentada, volvió con muchas y diversas joyas de oro y plata y plumajes y con fasta cinco o seis mili piezas de ropa de algodón muy ricas y de diversas maneras teji­da y labrada. Y después de me la haber dado, se sentó en otro estrado que luego le ficieron allí junto con el otro donde yo es­taba.

 

[…]

 

Pasados algunos pocos días después de la presión deste Cacamacin, el dicho Muteeçuma fizo llamamiento y congrega­ción de todos los señores de las cibdades y tierras allí comarca­nas. Y juntos, me invió a decir que subiese adonde él estaba con ellos. Y llegado yo, les habló en esta manera:

„Hermanos y amigos mios, ya sabéis que de mucho tiempo acá vosotros y vuestros padres y abuelos habéis sido y sois subditos y vasallos de mis antecesores y míos. Y siempre dellos habéis sido muy bien tratados y honrados, y vosotros ansimismo habéis hecho lo que buenos y leales vasallos son obliga­dos a sus naturales señores. Y también creo que de vuestros an­tecesores ternéis[43] memoria cómo nosotros no somos naturales desta tierra, y que vinieron a ella de muy lejos tierra y los trajo un señor que en ella los dejó cuyos vasallos todos eran.[44] El cual volvió dende a mucho tiempo y halló que nuestros abuellos estaban ya poblados y asentados en esta tierra y casa­dos con las mujeres desta tierra y tenían mucha multiplicación de fijos, por manera que no quisieron volverse con él ni menos lo quisieron rescebir por señor de la tierra, y se volvió y dejó dicho que tomaría o inviaría con tal poder que los pudiese costriñir[45] y atraer a su servicio. Y bien sabéis que siempre lo hemos esperado, y segúnd las cosas que el capitán nos ha dicho de aquel rey y señor que le invió acá y segúnd la parte de donde él dice que viene, tengo por cierto, y ansí lo debéis voso­tros tener, que aqueste es el señor que esperábamos, en especial que nos dice que allá tenia noticia de nosotros. Y pues nuestros predecesores no hicieron lo que a su señor eran obligados, ha­gámoslo nosotros y demos gracias a nuestros dioses, porque en nuestros tiempos vino lo que tanto aquéllos esperaban. Y mucho os ruego, pues a todos os es notorio todo esto, que así como hasta aquí a mí me habéis tenido y obedescido por señor vuestro, de aquí adelante tengáis y obedezcáis a este grand rey pues él es vuestro natural señor, y en su lugar tengáis a éste su capitán. Y todos los atributos y servicios que fasta aquí a mi me haciades los haced y dad a él, porque yo ansimismo tengo de contribuir y servir con todo lo que me mandare, y demás de facer lo que debéis y sois obligados, a mí me haréis en ello mucho placer”.[46]

Lo cual todo les dijo llorando con las mayores lágrimas y sospiros que un hombre podía magnifestar, y ansimismo todos aquellos señores que le estaban oyendo lloraban tanto que en grand rato no le pudieron responder. Y certifico a Vuestra Sacra Majestad que no había tal de los españoles que oyesen el razonamiento que no hobiese mucha compasión. Y después de algo sosegadas sus lágrimas, respondieron que ellos lo tenían por su señor y habían prometido de hacer todo lo que les man­dase, y que por esto y por la razón que para ello les daba, que eran muy contentos de lo hacer, y que desde entonces para siempre ellos se daban por vasallos de Vuestra Alteza. Y desde allí todos juntos y cada uno por sí prometían y prometieron de hacer y cumplir todo aquello que con el real nombre de Vuestra Majestad les fuese mandado, como buenos y leales vasallos lo deben facer, y de acudir con todos los tributos y servicios que antes al dicho Muteeçuma hacían y eran obligados y con todo lo demás que les fuese mandado en nombre de Vuestra Alteza. Lo cual todo pasó ante un escribano público y lo asentó por abto en forma y yo lo pedí ansí por testimonio en presencia de muchos españoles.[47]

Pasado este acto y ofrecimiento que estos señores hicieron al real servicio de Vuestra Majestad, hablé un día al dicho Muteeçuma y le dije que Vuestra Alteza tenía nescesidad de oro para ciertas obras que mandaba hacer, que le rogaba que inviase algunas personas de los suyos y que yo inviaría asimismo algunos españoles por las tierras y casas de aquellos señores que allí se habían ofrescido a les rogar que de lo que ellos tení­an serviesen a Vuestra Majestad con alguna parte, porque demás de la nescesidad que Vuestra Alteza tenía, paresceria que ellos comenzaban a servir y Vuestra Alteza temía más conceto de las voluntades que a su servicio mostraban, y que él ansimesmo me diese de lo que tenia porque lo quería inviar como el oro y como las otras cosas que había inviado a Vuestra Majestad con los pasajeros. Y luego mandó que le diese los es­pañoles que quería inviar, y de dos en dos y de cinco en cinco los repartió para muchas provincias y cibdades cuyos nombres por se haber perdido las escripturas no me acuerdo, porque son muchos y diversos, más de que algunas dellas están a ochenta y a cient leguas de la dicha grand cibdad de Temixtitán. Y con  ellos invió de los suyos y les mandó que fuesen a los señores de aquellas provincias y cibdades y les dijesen cómo yo man­daba que cada uno dellos diese cierta medida de oro que les dio.[48] Y así se hizo, que todos aquellos señores a que él invió dieron muy complidamente lo que se les pidió, ansí en joyas como en tejuelos y hojas de oro y plata y otras cosas de las que ellos tenían, que fundido todo lo que era para fundir cupo a Vuestra Majestad del quinto treinta y dos mill y cuatrocientos y tantos pesos de oro sin todas las joyas de oro y plata y plumaje y piedras y otras muchas cosas de valor que para Vuestra Sacra Majestad yo asigné y aparté, que podrían valer cient mil duca­dos y más suma, las cuales, demás de su valor eran tales y tan maravillosas que consideradas por su novedad y extrañeza no ternían precio ni es de creer que alguno de todos los príncipes del mundo de quien se tiene noticia las pudiese tener tales y de tal calidad.[49] Y no le parezca a Vuestra Alteza fabuloso[50] lo que digo, pues es verdad que todas las cosas criadas ansí en la tierra como en la mar de que el dicho Muteeçuma pudiese tener conoscimiento tenía contrahechas[51] muy al natural así de oro y de plata como de pedrería y de plumas en tanta perfición que casi ellas mesmas parescían, de las cuales todas me dio para Vuestra Alteza mucha parte sin otras que yo le di figuradas y él las mandó hacer de oro, así como imágenes, crucifijos, meda­llas, joyeles y collares y otras muchas cosas de las nuestras que le hice contrahacer. Cupieron ansimismo a Vuestra Alteza del quinto de la plata que se hobo ciento y tantos marcos, los cuales hice labrar a los naturales de platos grandes y pequeños y escudillas y tazas y cuchares, y lo labraron tan perfeto como gelo podíamos dar a entender. Demás desto me dio el dicho Muteeçuma mucha ropa de la suya, que era tal, que con­siderada ser toda de algodón y sin seda, en todo el mundo no se podía hacer ni tejer otra tal ni de tantas ni tan diversas y natura­les colores ni labores, en que había ropas de hombres y de mu­jeres muy maravillosas. Y había paramentos[52] para camas que hechos de seda no se podían comparar, y había otros paños como de tapicería que podían servir en salas y en iglesias. Había colchas y cobertores de camas ansí de pluma como de algodón de diversas colores ansimesmo muy maravillosas, y otras muchas cosas que por ser tantas y tales no las sé signifi­car[53] a Vuestra Majestad. También me dio una docena de cer­batanas de las con que él tiraba que tampoco no sabré decir a Vuestra Alteza su perfición, porque eran todas pintadas de muy excelentes pinturas y perfetos matices,[54] en que había figura­das muchas maneras de avecicas y animales y árboles y flores y otras diversas cosas, y tenían los brocales y puntería[55] tan grandes como un geme de oro, y en el medio otro tanto muy la­brado. Dióme para con ellas un camiel de red[56] de oro para los bodoques[57] que también me dijo que me había de dar de oro, y dióme unas turquesass[58] de oro y otras muchas cosas cuyo nú­mero es casi infinito. Porque para dar cuenta. Muy Poderoso Señor, a Vuestra Real Excelencia de la grandeza, estrañas y maravillosas cosas desta grand cibdad de Temixtítán y del se­ñorío y servicio deste Muteeçuma, señor della, y de los ritos y costumbres que esta gente tiene y de la orden que en la gober­nación así desta cibdad como de las otras que eran deste señor hay, sería menester mucho tiempo y ser muchos relatores y muy expertos, no podré yo decir de cient partes una de las que dellas se podrían decir, mas como pudiere diré algunas cosas de las que vi que, aunque mal dichas, bien sé que serán de tanta admiración que no se podrán creer, porque los que acá con nuestros propios ojos las vemos no las podemos con el entendi­miento comprehender. Pero puede Vuestra Majestad ser cierto que si alguna falta en mi relación hobiere que será antes por corto que por largo, ansí en esto como en todo lo demás de que diere cuenta a Vuestra Alteza, porque me parescía justo a mi príncipe y señor decir muy claramente la verdad sin interpolar cosas que la diminuyan y acrecienten.

[…]

Esta grand cibdad de Temixtitán está fundada en esta laguna salada, y desde la tierra firme hasta el cuerpo de la dicha cib­dad por cualquier parte que quisieren entrar a ella hay dos le­guas. Tiene cuatro entradas todas de calzada hecha a mano tan ancha como dos lanzas jinetas. Es tan grande la cibdad como Sevilla y Córdoba. Son las calles della, digo las prencipales, muy anchas y muy derechas, y algunas déstas y todas las demás son la mitad de tierra y por la otra mitad es agua por la cual andan en sus canoas. Y todas las calles de trecho a trecho están abiertas por do atraviesa el agua de las unas a las otras, y en todas estas aberturas, que algunas son muy anchas, hay sus puentes de muy anchas y muy grandes vigas juntas y recias y muy bien labradas, y tales que por muchas dellas pueden pasar diez de caballo juntos a la par. Y viendo que si los naturales desta cibdad quisiesen hacer alguna traición tenían para ello mucho aparejo, por ser la dicha cibdad edificada de la manera que digo y que quitadas las puentes de las entradas y salidas nos podían dejar morir de hambre sin que pudiésemos salir a la tierra, luego que entré en la dicha cibdad di mucha priesa en hacer cuatro bergantines, y los fice en muy breve tiempo tales que podían echar trecientos hombres en la tierra y llevar los ca­ballos cada vez que quisiésemos. Tiene esta cibdad muchas plazas donde hay contino mercado y trato de comprar y vender. Tiene otra plaza tan grande como dos veces la plaza de la cibdad de Salamanca toda cercada de portales alderredor donde hay cotidianamente arriba de sesenta mili ánimas comprando y vendiendo, donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan ansí de mantenimientos como de ves­tidos, joyas de oro y de plata y de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedras, de huesos, de conchas, de caracoles, de plumas. Véndese cal, piedra labrada y por labrar, adobes, ladrilio, madera labrada y por labrar de diversas maneras. Hay calle de caza donde venden todos los linajes[59] de aves que hay en la tierra, asi como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dora­les, cenatas, tórtolas, palomas, pajaritos en cañuela, papa­gayos, buharros, águilas, falcónos, gavilanes y cernícalos. Y de algunas destas aves de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas. Venden conejos, liebres, vena­dos y perros pequeños que crían para comer, castrados. Hay calle de herbolarios donde hay todas las raíces y hierbas medecinales que en la tierra se hallan. Hay casas como de boticarios donde se venden las medecinas hechas, ansí potables como un­güentos y emplastos. Hay casas como de barberos donde lavan y rapan las cabezas. Hay casas donde dan de comer y beber por precio. Hay hombres como los que llaman en Castilla ganapa­nes para traer cargas. Hay mucha leña, carbón, braseros de barro y esteras de muchas maneras para camas y otras más del­gadas para asiento y para esteras [de] salas y cámaras. Hay todas las maneras de verduras que se fallan, especialmente ce­bollas, puerros, ajos, mastuerzo, berros, borrajas, acederas y cardos y tagarninas. Hay frutas de muchas maneras, en que hay cerezas y ciruelas que son semejables a las de España. Venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz, que son tan melosas y dulces como las de azúcar, y miel de unas plan­tas que llaman en las otras islas maguey que es muy mejor que arrope, y destas plantas facen azúcar y vino[60] que asimismo venden. Hay a vender muchas maneras de filados de algodón de todas colores en sus madejicas, que paresce propiamente alcacería de Granada[61] en las sedas, aunque esto otro es en mucha más cantidad. Venden colores para pintores cuantas se pueden hallar en España y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos blancos y de diversas colores. Venden mucha loza en grand manera muy buena. Venden muchas vasijas y tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vidriadas y pintadas.[62] Venden mucho maíz en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja ansí en el grano como en el sabor a todo lo de las otras Islas y Tierra Firme. Venden pasteles de aves y em­panadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallina y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho en grand cantidad. Venden tortillas de huevos fechas. Finalmente, que en los dichos mer­cados se venden todas las cosas cuantas se hallan en toda la tie­rra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas cali­dades que por la prolijidad y por no me ocurrir tantas a la me­moria y aun por no saber poner los nombres no las expreso. Cada género de mercaduría se vende en su calle sin que entre­metan otra mercaduría ninguna, y en esto tienen mucha orden. Todo se vende por cuenta y medida, exceto que fasta agora no se ha visto vender cosa alguna por peso. Hay en esta grand plaza una grand casa como de abdiencia donde están siempre sentados diez o doce personas que son jueces y libran[63] los casos y cosas que en el dicho mercado acaecen y mandan casti­gar los delincuentes. Hay en la dicha plaza otras personas que andan contino entre la gente mirando lo que se vende y las me­didas con que miden lo que venden, y se ha visto quebrar algu­na que estaba falsa.

[…]

Hay en todos los mercados y lugares públicos de la dicha cibdad todos los días muchas personas, trabajadores y maestros de todos oficios esperando quien los alquile por sus jornales. La gente desta cibdad es de más manera y primor en su vestir y servicio que no la otra destas otras provincias y cibdades, porque como allí estaba siempre este señor Muteeçuma y todos los señores sus vasallos ocurrían[64] siempre a la cibdad había en ella más manera y policía en todas las cosas. Y por no ser más prolijo en la relación de las cosas desta grand cibdad (aun­que no acabaría tan aína) no quiero decir más sino que en su servicio y trato de la gente della hay la manera casi de vevir que en España y con tanto concierto y orden como allá, y que considerando esta gente ser bárbara[65] y tan apartada del conoscimiento de Dios y de la comunicación de otras naciones de razón, es cosa admirable ver la que tienen en todas las cosas.

En lo del servicio de Muteeçuma y de la cosas de admira­ción que tenía por grandeza y estado hay tanto que escrebir que certifico a Vuestra Alteza que yo no sé por do comenzar que pueda acabar de decir alguna parte dellas. Porque, como ya he dicho, ¿qué más grandeza puede ser que un señor bárbaro como éste tuviese contrafechas de oro y plata y piedras y plu­mas todas las cosas que debajo del cielo hay en su señorío tan al natural lo de oro y plata que no hay platero en el mundo que mejor lo hiciese; y lo de las piedras, que no baste juicio [para] comprehender con qué instrumentos se hiciese tan perfeto; y lo de pluma, que ni de cera ni en ningún broslado[66] se podría hacer tan maravillosamente? El señorío de tierras que este Muteeçuma tenía no se ha podido alcanzar cuánto era, porque a ninguna parte ducientas leguas de un cabo y de otro de aquella su grand cibdad inviaba sus mensajeros que no fuese cumplido su mandado, aunque había algunas provincias en medio de estas tierras con quien él tenía guerra. Pero [por] lo que se al­canzó y yo pude del comprehender era su señorío tanto casi como España, porque hasta sesenta leguas desa parte de Putunchan, que es el río de Grisalba, invió mensajeros a que se diesen por vasallos de Vuestra Majestad los naturales de una cibdad que se dice Cumantan[67] que había desde la gran cibdad a ella ducientas y veinte leguas, porque las ciento y cincuenta yo he fecho andar y ver a los españoles. Todos los más de los señores destas tierras y provincias, en especial los comarcanos, residían, como ya he dicho, mucho tiempo del año en aquella gran cibdad, y todos o los más tenían sus hijos primogénitos en el servicio del dicho Muteeçuma. En todos los señoríos destos señores tenia fuerzas[68] fechas y en ellas gente suya y sus go­bernadores y cogedores[69] del servicio y renta que de cada pro­vincia le daban. Y había cuenta y razón de lo que cada uno era obligado a dar, porque tienen carateres y figuras escripias en el papel que facen por donde se entienden.[70] Cada una destas provincias servía con su género de servicio segúnd la calidad de la tierra, por manera que a su poder venia toda suerte de cosas que en las dichas provincias había. Y era tan temido de todos, así presentes como absentes, que nunca principe del mundo lo fue más.[71]

[1] Cortés usa indiscriminadamente los topónimos Culúa y México para desig­nar el territorio controlado por la Triple Alianza. Gomara por su parte se refiere a „los de Culúa, que son los de Moteczuma” (p. 314a). Ambos vocablos son usados también para designar la lengua náhuatl.

[2] Motecuhzoma Xocoyotzin, noveno señor o uey tlatoani de México-Tenochtitlán, era el segundo monarca mexica de ese nombre (su segundo apellido significa ‚el joven’; Motehcuzoma significa ‚señor sañudo’), cargo para el que habia sido elegido en 1502 cuando contaba aproximadamente 34 años.

[3] después acá: ‚desde entonces hasta ahora’.

[4] Nótese la sintaxis complicada del periodo, especialmente la separación de los infinitivos querer y decir, asi como la acumulación verbal de hay y decirse debían seria. Interesa también subrayar la conciencia de que el contenido de la relación ha de ajustarse estrictamente a su destinatario. Cortés escribirá solamen­te lo que el emperador debe saber en ese momento para tomar decisiones políti­cas y muy especialmente para resolver el contencioso entre Cortés y Velázquez.

[5] nuevamente: ‚recientemente’.

[6] abtos: autos.

[7] Cortés acostumbraba, según confiesa en la Quinta relación, a anotar pun­tualmente en un diario los nombres de personas y lugares, y por lo que aquí se afirma también las fechas de los acontecimientos relativos a su expedición, asi como un extracto de éstos (el cómo) que luego usaría para la confección de sus relaciones. El infortunio a que se refiere es por supuesto la desastrosa salida de Tenochtitlán en la Noche Triste, en la cual, como Cortés afirma más adelante, se perdió todo el fardaje en que portaba sus documentos oficiales.

[8] subdito es participio pasado etimológico de sujetar: ‚sujetado’, ‚sometido’.

[9] Se trata de Cempoala, ciu­dad del estado de Veracruz.

[10] Característicamente Cortés trata siempre de dejar bien clara su prudencia política y militar. Por ello tras afirmar que los de Cempoala habían quedado como incondicionales aliados suyos, señala no obstante que decidió llevar consi­go a varios de sus jefes como garantía de que los españoles que permanecían en la ciudad no serían atacados.

[11] Entiéndase: ‚si no hubiera pasado ya, la habría tomado’.

[12] tal: ‚de tal naturaleza’.

[13] por donde se estorbara: ‚con lo cual se hubiera impedido’.

[14] Nótese que Cortés mismo aclara que inutilizó sus barcos hundiéndolos, no quemándolos.

[15] en obra de: ‚en cosa de’, ‚aproximadamente’.

[16] puesto que: ‚aunque’.

[17] puñábamos: pugnábamos, ‚luchábamos’.

[18] Xicoténcatl el joven. Es notable que Cortés lo identifique como capitán ge­neral y no como rey o señor, ya que como se ha discutido anteriormente, él era en efecto el encargado de dirigir el ejército de Tlaxcala.

[19] Entiéndase: ‚al no verlos los españoles’.

[20] visitación: Cortés usa este vocablo en su acepción eclesiástica de ‚visita ofi­cial’ hecha por un superior a una comunidad religiosa.

[21] Este Pedro Carbonero era un héroe legendario de las guerras de Granada fa­moso por su valor temerario. Gomara se refiere a él con estas palabras: „Pedro Carbonero, que por entrar a tierra de moros a hacer salto, se había quedado allá muerto con todos los que con él fueron”. Lope de Vega escribió un drama histórico sobre él titu­lado El cordobés valeroso, Pedro Carbonero.

[22] demanda: ’empresa militar’.

[23] Maxixcatzin o Maxixca era el señor de Ocotelolco, uno de los cuatro seño­ríos que componían la confederación de Tlaxcala. Cortés, acostumbrado al esque­ma político y mental europeo, piensa todavía que éste es el máximo dirigente del territorio.

[24] Entiéndase: ‚que habían vivido exentos [de impuestos] e independientes’.

[25] Pan es un vocablo que en el siglo XVI designaba al trigo o cualquier cere­al en genera! y a una enorme cantidad de productos derivados del cereal. Cortés se refiere aquí indudablamente a las tortillas de maíz mejicanas.

[26] La ciudad a que se refiere Cortés es Tizatlán, la mayor y mejor de Tlaxcala. Cortés fue recibido allí el 23 de septiembre.

[27] Nótese cómo en sus comparaciones elogiosas del Nuevo con el Viejo Mundo, Cortés alterna entre los moros, comparando por un lado la ciudad con Granada tras su conquista por los cristianos, o bien mencionando a „lo mejor de África”, y por otro lado España e incluso el mundo entero.

[28] El nombre antiguo era Cholollan o Cholullan, hoy Cholula en el estado de Puebla. Está situada en el valle del Atoyac, en la base del volcán Iztaccíhuatl. Cholollan era una vasta concentración urbana con un gran mercado, situada junto al que probablemente era el mayor complejo religioso-ce­remonial del continente americano. Su lengua era el náhuatl, y su dios principal era Quetzalcoatl, quien supuestamente habia sido el fundador de la ciudad. Por su carácter de ciudad santa disfrutaba de un régimen autónomo especial. Su gobier­no era colegiado por cuatro (seis, según otras fuentes) gobernadores, unos tempo­rales y otros religiosos. Cada uno de éstos ejercía su jurisdicción en una sección de la ciudad y sus correspondientes asentamientos, aunque parece que a la llega­da de los españoles uno de ellos, Tenanquiáhuac, tenía precedencia sobre los otros. Cholollan había sido en otro tiempo aliada de Tlaxcala, pero en 1511 había una animosidad entre ambas, ya que Cholollan, aunque independiente, apoyaba a la Triple Alianza.

[29] con: ‚incluyendo’.

[30] Es Huexotzinco o Huejotzingo, territorio y ciu­dad independiente que en ese momento era aliada de los tlaxcaltecas contra la Triple Alianza. Estaba situada en un lugar alto y fortificado. La actual Huexocingo fue trasladada por los franciscanos a una legua de ese emplazamien­to, en la llanura del valle, en 1529 o 1530.

[31] me revolver con ellos: ‚volverme contra ellos’.

[32] Alude Cortés al refrán „Del monte sale quien el monte quema” o „Del monte sale con que se arde”, refranes ambos que „avisan que los daños que se ex­perimentan suelen venir de los domésticos y parciales”. Al con­trario que Bemal Díaz del Castillo, Cortés hace muy escaso uso del refranero cas­tellano, siendo éste uno de los pocos casos en que aparece uno.

[33] „Todo reino con divisiones internas será destruido” (San Mateo, 12, 25; San Lucas, 11, 17). La referencia evangélica no deja de ser un hábil uso retórico por parte de Cortés, ya que indirectamente insiste en el providencialismo de su empresa conquistadora.

[34] con los unos y con los otros maneaba: ‚a unos y a otros manejaba’. Nótese que Cortés no tiene reparo en confesar al emperador su táctica maquiavélica, por la que trata de granjearse a ambos bandos políticos.

[35] concierto para nos ofender: ‚plan para atacamos’.

[36] Entiéndase: ‚que en lo alto de ellas no se ve mas que nieve’. Recuérdese que sierra significa ‚monte’- Cortés se refiere al volcán Popocatépetl (‚Sierra hu­meante’) y al Iztaccihíhuat! (‚Mujer blanca’).

[37] Mexicatzinco o Mexicalcingo, ocupaba, como Coyoacan, el itsmo entre los lagos Texcoco y Xochimilco. Era el territorio de los culúas.

[38] librea: „Traje que los príncipes, señores y algunas otras personas o entida­des dan a sus criados, por lo común uniforme y con distintivos”.

[39] Entiéndase: ‚tan recta que de un extremo de la calle se ve el otro’.

[40] tercho: trecho.

[41] Se refiere a collares de coral rojo. El ms. S tiene coloradas, lo que no es incorrecto.

[42] El jeme era una medida de longitud equivalente al palmo actual, es decir la distancia entre el índice y el pulgar cuando la palma de la mano está totalmente extendida. Equivale a 13 centímetros.

[43] terneys: tendréis.

[44] Entiéndase: ‚del cual señor todos eran vasallos*. Nótese cómo nuevamente al tratarse de un discurso solemne. Cortés tiende a colocar los verbos al final de la frase, según el gusto de la prosa latinizante.

[45] constriñir: constreñir, ‚forzar’.

[46] Este discurso revela una sospechosa procedencia en lo ajustadamente que sirve no ya a los intereses del emperador sino especialmente a los de Cortés mismo. En él Motehcuzoma acepta la sumisión a Carlos V „y en su lugar…a éste su capitán”, con lo que Cortés refuerza su posición en el contencioso con el go­bernador Velázquez. ¿Cómo conoció el discurso Cortés? Según Bemal Díaz, el único español que se hallaba presente en la reunión era el paje Orteguilla, y es dudoso que se fiara de su transcripción para un texto tan trascendente. El texto de la Historia Verdadera sigue al de Gomara, que a su vez sigue al de Cortés. En las palabras de Gomara hallamos la explicación. Según él, Motecuhzoma convocó a los señores „y de su albedrio, o por el de Cortés, les hizo delante los españoles el infrascripto razonamiento”. No se le esca­paba al clérigo historiador quien era el autor en la sombra del discurso.

[47] Este es uno de los documentos, quizá el principal, que Cortés afirma haber perdido en la desastrosa retirada de la Noche Triste, y no hay por tanto manera de conocer exactamente su contenido. De todos modos el hecho de que tanto Motecuhzoma como los otros señores cosignatarios se encontraban prisioneros de Cortés hace muy cuestionable su validez. Según Bemal Diaz (cap. 101), la ce­remonia tuvo en efecto lugar en presencia de muchos españoles, y de todo ello se levantó acta oficial por el secretario de Cortés, Pedro Fernández. Este documen­to, supuesto o real, de sumisión al emperador Carlos es de enorme importancia para Cortés. En primer lugar representa el documento formal que necesita para probar al emperador que su control de México ha sido formalizado ante notario. La donación además justificará más adelante su „guerra justa” contra México, al quedar ésta definida como el aplastamiento de una rebelión contra el emperador después que Motecuhzoma y los demás señores se hubieran dado por subditos.

[48] El territorio controlado por la Triple Alianza era más reducido de lo que se piensa. Se limitaba al valle de México y sus alrededores, más ciertos territorios al sur, al oeste y una porción de la costa en el golfo de México. Habia además ciu­dades y provincias independientes que pagaban un tributo nominal cada tres meses. Por lo que dice a continuación. Cortés parece implicar que el tributo nor­malmente se pagaba en oro pero no era así, ya que éste se componía de productos locales que variaban de un lugar a otro.

[49] Cortés da a entender que toda esta riqueza fue regalo y tributo de Motecuhzoma y de los otros señores. En realidad, Cortés no menciona que el tesoro del palacio de Axayácatl fue saqueado, y de ahí provenia probablemente la mayor parte del botín a repartir. Otro silencio es aún más significativo: el descontento general sobre el reparto de las riquezas, que como describe Bemal Diaz (caps. 104 y 105), ocasionó serios altercados y la pri­mera acusación por parte de los soldados de que Cortés y sus allegados se habían quedado con una parte mayor de la que les pertenecía. Para evitar un verdadero motín Cortés tuvo que echar mano de sus mejores recursos tanto políticos como retóricos.

[50] fabuloso: ‚ficticio’, ‚falso’.

[51] contrahechas: ‚fabricadas a imitación’.

[52] Paramentos son „paños algo al modo de mantillas que sirven para cubrir y adornar”.

[53] significar: ‚describir’, ‚explicar’.

[54] matiz: „la mistura de colores”.

[55] Brocal es propiamente la pieza de metal que guarnece la boca de la vaina de un arma blanca, que Cortés aplica aqui a la boca de la cerbatana. Puntería es propiamente una cualidad y no un objeto. Cortés parece referirse aquí al tubo o canuto que constitute el cuerpo de la cerbatana.

[56] carmel: garniel, „especie de bolsa que cuelga del cinto”.

[57] bodoque: „Es el globo pequeño de barro o de otra materia que se tira con el arco o ballesta. En este caso se trata naturalmente de las bolitas que se usan con la cerbatana”.

[58] turquesa: „El molde donde se hacen los bodoques para tirar con la balles­ta”

[59] linajes: ‚especies’.

[60] Se refiere al pulque, licor fermentado del maguey.

[61] La alcaceria o alcaicería es la zona del mercado o el ba­rrio especifico donde se vende principalmente seda. En Granada se denominaba alcaceria a „la casa de aduanas donde los comerciantes declaraban su mercancía”. A pesar de que Cortés se refiere específicamente a esta ciudad, el con­texto exige la acepción más general de ‚mercado de seda’. Nótese nuevamente la tendencia de Cortés a las asociaciones moriscas.

[62] vidriadas: ‚esmaltadas’. La cerámica mexicana era en efecto, junto con la orfebrería, una industria que habla alcanzado un desarrollo igual si no mayor al de la Europa de ese tiempo.

[63] libran: ‚regulan’.

[64] ocurrían: ‚acudían’.

[65] El adjetivo bárbaro tenia en el siglo xvi no solamente la acepción actual de ‚incivilizado’ o ‚cruel’. De la misma manera que los griegos y latinos denomi­naron bárbaros a todo pueblo que no mera el suyo, los europeos de esta época tendían a considerar bárbaros a cualquier pueblo no cristiano, independientemen­te de su nivel de civilización. Bárbaro es pues con frecuencia sinónimo de paga­no.

[66] broslado: ‚bordado’.

[67] Cimatan o Cimatlan, hoy Zimatán, barrio de la ciudad de Cunduacan en el estado de Tabasco.

[68] fuerzas: ‚fortalezas’.

[69] cogedores: ‚recaudadores’.

[70] Este es el documento conocido como Matricula de tributos, una versión parcial del cual se encuentra en el Códice Mendocino también llamado por ello „de tributos”. Ahi puede verse que en el pago de impuestos el articulo predomi­nante era la ropa, especialmente sarapes. Esta práctica continuó después de la conquista, y existen documentos de la misma tradición referentes a encomiendas.

[71] Esta afirmación es extremadamente osada, ya que el destinatario de las Carlas de relación es el mismísimo Carlos V, de quien Cortés dice a Motecuhzoma que es el mayor príncipe del mundo. Es probable que Cortés con este tipo de expresiones audaces buscara precisamente impresionar al emperador, que ciertamente hasta la conquista de México no parece haberse interesado apenas por el Nuevo Mundo.

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